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Parar en verano

Este verano he parado de verdad, o más bien he parado hacia afuera. Empezó agosto y desinstalé Instagram y Facebook del móvil porque me había quedado sin cosas que decir y porque no quería estar más pendiente de las vacaciones ajenas que de la mía propia. También dejé apartado el ordenador porque pesé que esas “cosas pendientes” podrían seguir pendientes en septiembre.  Me he centrado en disfrutar del mar, de la familia, de los amigos y sobre todo de Martina. También he bailado por la calle, he hecho el ganso en los atardeceres del delta del Ebro y he descubierto un “jacuzzi” natural de aventuras por las rocas de L´Ametlla de Mar. En mis ratos a solas he empezado el libro varias veces recomendado de El Camino del Artista y tengo el propósito de formar un racimo creativo con personas que quieran permitirse dedicar la vida a “jugar”. 
Yo estoy peleándome conmigo misma porque siempre he confiado en lo que “debo hacer” más que en lo que “me apetece hacer”. He tenido este mes en mi cabeza…

Voy a ser madre y no estoy embarazada

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UN ESCRITO SOBRE LO QUE SE PUEDE Y LO QUE NO SE PUEDE.
Cuando tenía 18 años me dijeron que no podía gestar. Recuerdo perfectamente el momento, allí sentados mis padres y yo delante de la doctora. Empecé a llorar. Cada vez más fuerte. Ella intentaba explicarme que el no poder gestar no era el asunto más importante, “lo otro” era lo que de verdad nos tenía que preocupar. Yo le gritaba entre espasmos “¡¡A mí eso me da igual!!”. Salimos de la consulta y mi cuerpo no quería otra cosa que hacerse una bola y llorar. Estuvimos un buen rato sentados en el banco de enfrente. Creo que nunca he llorado tan fuerte. Las palabras de consuelo de mis padres me parecían absurdas, me producían más rabia y lloraba más y más.

He estado reflexionando mucho sobre los tipos de dolor. Diría que aquél fue el dolor emocional más intenso que he vivido nunca. Sentía como si me hubieran arrancado literalmente un órgano, una parte de mí se había ido. No podía respirar de la presión tan grande que sentía en el estóma…

¿A qué me dedico?

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[Texto publicado en el catálogo de la exposición "En los cantos nos diluimos" Sala de Arte Joven de la Comunidad de Madrid. Junio-Julio 2017].

No encajo en ningún sitio. Pues constrúyete un lugar a tu medida. No se qué soy. Eres muchas cosas. Me da pudor definirme como artista y me da pena ser sólo arquitecta. ¿Creadora multidisciplinar? Está ya manido. Hago cosas. Demasiado indeterminado. ¿Alguna sugerencia? Una carcajada (es lo que hacía un diseñador de cuyo nombre no logro acordarme).
En realidad hago “muchas” cosas y muy diferentes. ¿Inconexas? Antes pensaba que sí. A pesar de que Ana siempre me ha dicho que para ella todo lo que hago tiene que ver con lo mismo. Ahora me doy cuenta de que tiene razón. Es como una cadena infinita de relaciones, muchas veces inconscientes, ejecutadas con diferentes escalas y técnicas. Pero ¿cómo le dices a la gente que haces joyas como si fueran edificios y espacios como si fueran trajes? Siempre me decían que mis proyectos no eran “Arquitec…

Volver a enfocar

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[Texto rescatado de un post de facebook].
Mañana vuelvo a Madrid. Gracias a Manolo y sus repentinos amigos italianos, he nadado entre chiribitas luminiscentes en una playa oscurísima, aunque solo fuera menos de un minuto porque tenía frío, fue increíble. Es gracioso porque la gente del pueblo no sabía de lo que hablaba. A veces hay que venir de fuera para descubrir lo de dentro. Eso pasa también dentro de uno mismo. Este verano he parado un poco y me he cuestionado el rumbo. Hace unos días pensaba con pena que había desperdiciado tiempo, por perder el enfoque, por compararme con los otros y dudar de mí. Es un defecto que tengo que tiendo a juzgarme a todas horas: esto bien, esto mal. Creo que tengo trabajo hasta que me muera en cambiar esto. No lo veo fácil. Anoche leía un libro que decía que lo que uno vive no es ni bueno ni malo, son experiencias y no son comparables con nada, ni se pueden juzgar. Lo que si podemos hacer es aprender de ellas. En otro libro que he leído este verano de…

Identidad Digital

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[Texto rescatado de un post de facebook].
Hace una semana que hablaba con un amigo sobre las identidades digitales. Él decía que eran ficción. Yo decía que no. Supongo que los dos tenemos razón porque hay de todo. En mi caso me siento más "yo" aquí, que en muchas de las situaciones en las que me encuentro por el día, con gente, conocidos o amigos con los que mides las palabras o directamente no te apetece decir nada. 

He pasado una semana y media mal, algo que es muy normal en mí. Una con los años se va conociendo y ya le quita importancia a este sube y baja de emociones encadenadas. El caso es que me estaba sintiendo poco honesta por no decir por aquí que estaba mal, y parecer que todo bien, que qué de cosas que hago, etc. Porque por un lado las cosas bonitas le hacen a uno mantenerse a flote como por unos hilitos que llegan a la superficie, hilos de lo conocido, de lo que sabes que te gusta y te viene bien hacer. Y por otro lado, reflexionando, creo que a veces no podemos ve…

Ayer murió mi abuela

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[Texto rescatado de un post de facebook].
Ayer murió mi abuela, el mismo día que murió mi padre hace 13 años, el 9 de diciembre. Qué casualidad! Mi abuela ha muerto como ella quería, sin pasar por enfermedades lentas ni perder la cabeza. Hace 3 semanas estaba bailando en la residencia, haciendo su gimnasia y sus manualidades. Lo que más le gustaba era bailar, y si no se podía, bailaba en el sitio. Yo también pienso bailar hasta que me muera, eso lo he heredado. También espero heredar sus arrugas. Me encantaban sus arrugas, como surcos profundos llenos de historias y de vida. Hace 5 años, como ejercicio de talla, quise congelarlas. La puse escayola en la cara (no conocía el alginato y la pobre ni se quejó!), después saqué el positivo en escayola y por puntos la talla en mármol, que nunca terminé. Y es que ahí no veía a mi abuela, está demasiado quieta, demasiado seria. Justo hoy me he acordado de esto porque la que veíamos esta mañana tampoco era ella. Cuando uno muere pasa a formar par…

Tiempo de hacer - Tiempo de editar

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[Texto rescatado de un post de facebook].
Septiembre duro. Intentando tachar cosas de una lista interminable de atrasos que he pasado a la nueva agenda del curso. Los nuevos proyectos se solapan con los ya cerrados, porque cuando uno acaba algo, no lo acaba en realidad, luego hay que procesarlo, editarlo, colgarlo, porque si no no existe. Y eso lleva un tiempo pesado, porque el tiempo de "hacer" es ligero, se pasa volando, es emocionantey ansioso, siempre quiere más. El tiempo de pensar y editar en cambio es todo lo contrario, por lo menos para mí... es desagradecido porque pasan los días y parece que no "haces" nada, no produces, no desarrollas. Sé que pensar así es un error, porque pensar también es producir. Es más un sentimiento. A cada uno se le da bien una cosa, y en esa fluye, y las demás las hace porque hay que hacerlas, y no hay más vuelta de hoja. Aquí va un pequeño trabajo que hice en unos días robados antes de acabar agosto. Y espero en menos de una sema…